viernes, 9 de enero de 2009

Fantasía Erótica



En la soledad, lo imagino desnudo, acostado sobre la cama, con los ojos cerrados y mostrando una sonrisa en busca de placer. Lo miro, penetro en su espacio, en su intimidad. Lo beso lentamente. Deslizo mis labios por su cuerpo y con mi lengua húmeda percibo el sabor de su piel. Mis manos y mis dedos al no permanecer inmóviles se pierden entregando caricias suaves, caricias que se vuelven el detonante perfecto para hurgar en la oscuridad, para encontrar la llave que encienda sus sentidos, y así utilizar el momento justo para montarlo, para posar mis senos en su pecho, estirar mis piernas, acostarme en él e iniciar con el vaivén.

Mi rostro permanece frente al suyo, uniendo los labios, mezclándolos, jugueteando con la lengua. Al soltarle me acercaré a su oído para que escuche el jadeo que se produce al contacto de nuestros sexos, le diré "tranquilo, no te muevas, déjamelo a mí". Mientras tanto, tendrá las manos agarrándome las nalgas, recorriendo mi espalda, diciéndome cosas sucias o lo que se le venga en gana… Así lograré deleitarme y sentir el éxtasis que no puedo tener al mirarlo en el salón de clase.

1 comentario:

Azafata dijo...

Eah señorita, cómo anda?
pues qué buen texto es muy, muy bueno...qué le puedo decir, conosco la historia, la larga que claro es más buena todavía, pero así está bien, deja cositas a la imaginación, jejeje...
ya te tengo en mi lista de a bordo, ya estamos en contacto por aquí, qué bonito que ya también tienes tu espacio!!!

te mando un abrazo!

nos vemos!

baiki!